La sociología y la crisis planetaria

Paulina Vidal
Directora Escuela de Sociología
Conversatorio
Auditorio Paulo Freire
10 octubre 2019

En el marco de la celebración de sus 30 años de existencia, la Escuela de Sociología organiza esta actividad relacionada con la crisis medioambiental, debido a su enorme relevancia sociológica.

Primero se hará referencia al problema del cambio climático. En segundo lugar se va a señalar lo que plantean dos autores sobre lo que se ha denominado “la sociedad del riesgo global”, para terminar mencionando la visión que tiene una corriente del movimiento feminista -el  ecofeminismo- en tanto movimiento emancipatorio.

1.- ¿En qué consiste el problema del cambio climático?

Según los datos disponibles, la producción de electricidad, proveniente de fuentes de carbón, petróleo y gas natural, genera las emisiones globales de dióxido de carbono (CO2) que representan el gas de efecto invernadero más importante y que más contribuyen al calentamiento global.

Los principales efectos son que se derriten las capas de hielo de los polos y de los glaciares, lo que provoca el aumento del nivel de los océanos, causando inundaciones y erosión en las zonas costeras. Los fenómenos meteorológicos extremos son cada vez más frecuentes: inundaciones, huracanes, olas de calor, sequías. Según el informe científico del Panel Intergubernamental sobre cambio climático, el alza de la temperatura afecta los ecosistemas naturales; el aumento del nivel del mar, cada vez más acelerado, pone en riesgo a las zonas costeras. Además, se señala que se necesita cambiar la forma de usar y cultivar la tierra para garantizar la seguridad alimentaria.

Si bien los países europeos tienen una gran responsabilidad en el denominado “riesgo fabricado” , producto de lo que el ser humano le ha hecho a la naturaleza, hasta el año 2016,  Estados Unidos era el país con más emisiones CO2 del planeta. Actualmente es China.

Esto obedece a que Estados Unidos disminuyó la producción de electricidad proveniente de fuentes de carbón en casi un tercio, entre 1992 y el año 2015. Sin embargo, el país se ha posicionado, junto con Arabia Saudita, como el mayor productor global de petróleo y, además, aumentó el uso de gas natural, que aunque  produce menos emisiones de CO2, genera metano y su extracción suele dañar al medio ambiente. A esto se agrega que el gobierno actual ha tomado distancia de los tratados internacionales sobre cambio climático, como el Acuerdo de París (COP 21 realizada el año 2015) donde se establecen metas de reducción de emisiones de efecto invernadero.  Se prevé que para el 2030, en EEUU se podría generar un brusco aumento de estas emisiones, que contribuyen al calentamiento global.

Como se ha mencionado, actualmente China es el país más contaminante, al aportar cerca del 30% de la polución mundial.  Durante los últimos años, el rápido crecimiento de la industria, basada en la producción masiva del carbón, ha posicionado a China en este primer lugar.  

Es así como, el problema del cambio climático obedece, principalmente, a un tipo de crecimiento económico basado en energías como el carbón, petróleo, y gas natural, altamente contaminantes. Si bien la ciencia ha permitido denunciar los efectos negativos que esto tiene, la ciencia y la tecnología también han aportado de manera considerable al “riesgo fabricado”, en la medida que gran parte de sus estudios se encuentra al servicio de quienes concentran el capital.  De esta manera, el crecimiento económico actual no permite el desarrollo.

Para que exista desarrollo  se debe terminar con el daño que se le ha hecho a la naturaleza y con los altos niveles  de concentración de la riqueza en el 1% de la población mundial. Se debe terminar con la desigualdad que existe entre los países y al interior de los mismos. El desarrollo es sostenible y es con redistribución del ingreso o no lo es. De ahí que, para que exista  desarrollo es imprescindible  la  construcción de utopías colectivas tendientes a promover  justicia en un sentido amplio.

Con todas las transformaciones que ha tenido el sistema capitalista, en lo que se ha denominado la segunda modernidad (Beck), modernidad líquida (Bauman), postmodernidad (Lyotard), el principal problema para la construcción de un proyecto político de cambio social es la cultura hegemónica existente. Debido a que la ideología neoliberal ha penetrado en las subjetividades y se ha naturalizado,  el individuo se siente dueño de su destino, por haber internalizado al “yo emprendedor”;  atribuye el éxito a tener bienes materiales; se siente responsable de su fracaso; el ser emprendedor sustituye al ser trabajador como sujeto de derecho; competir se considera un arma fundamental para mantenerse en un empleo;  el ciudadano se convierte en consumidor y sube a la red todo tipo de datos personales e informaciones, participando de forma activa en lo que se ha denominado el “panóptico digital”.

Además, cuando el mundo del trabajo ha cambiado considerablemente, con la subcontratación y los trabajos precarios, cuando con el desarrollo de la robótica la mitad de los empleos que existen actualmente van a tender a desaparecer y la exclusión del mundo laboral será una realidad para un gran sector de la población, cuando la política se encuentra subordinada a los intereses del gran capital, cuando el escepticismo y la incertidumbre predominan, promover un modelo de desarrollo basado en la justicia, que permita hacer frente a la crisis planetaria, aparece como algo  inalcanzable.  

2.- ¿Qué proponen autores como Edgar Morin y Ulrich Beck?

Para Edgar Morin, “¿Hacia el abismo? Globalización en el siglo XXI”, Paidós (2010), hoy se necesita más que nunca de un pensamiento complejo, que logra escapar de alternativas mutilantes como ser realista o ser utópico, que logra superar campos específicos de estudio, que logra unir los saberes compartimentados. Cuando en la era global los problemas están cada vez más ligados los unos con los otros, se requiere de una reforma del pensamiento, para ser capaz de analizar esta realidad. Es así como, nunca en la historia de la humanidad el pensamiento complejo ha tenido una responsabilidad tan abrumadora. Siguiendo a este autor hoy nos encontramos en una crisis planetaria y se requiere más que nunca de imaginación. Si bien el socialismo real fue un fracaso, se inscribió en una perspectiva histórica y hoy esa perspectiva es más necesaria que nunca, para promover entusiasmo colectivo por el cambio social. Las crisis despiertan, al mismo tiempo que posibilidades desastrosas, posibilidades creadoras e imaginativas.

Como señala Ulrich Beck, “La individualización, el individualismo institucionalizado y sus consecuencias sociales y políticas”, Paidós  (2003) la principal contradicción de la segunda modernidad la constituye el abismo entre el mandato cultural que recibe el individuo, de vivir la propia vida y ser responsable de alcanzar el éxito, en una sociedad del riesgo global frente a la cual no tiene ningún control. En “La irresponsabilidad organizada” (1991) Fundación Dialnet Nª35-36 pp. 30-37, plantea que la sociedad del riesgo en el plano ecológico implica: agua potable con productos químicos contaminantes como la atracina, sustancias tóxicas en el aire, en la vegetación, en los animales, regiones del planeta contaminadas, países pobres que se constituyen en depósitos de residuos  nucleares tóxicos, etc. Frente al riesgo ecológico mundial, frente a la actual “edad media industrial” que destruye al planeta, se requiere pasar a una ilustración ecológica. Se requiere visibilizar las zonas de resistencia que ya existen y promover una ciudadanía activa a nivel global. Se requiere denunciar a los países industrializados, los que deberían asumir su responsabilidad en la destrucción del medio ambiente y financiar un cambio de rumbo.

3.- ¿Qué propone el movimiento feminista?

Desde hace varias décadas, los ecofeminismos y las ecologías políticas feministas analizan la manera en que la opresión de las mujeres y la destrucción de la naturaleza se imbrican en un mismo orden social. A través de sus diferentes corrientes no solo han propuesto alternativas sino que han desarrollado y emprendido proyectos basados en principios ecologistas que ponen el cuidado de la vida en el centro para garantizar un futuro habitable para todas y todos. Plantean que existe una similitud entre las formas de explotación de las mujeres y de la naturaleza, con modos de intersección entre capitalismo y patriarcado que se intensifican recíprocamente. Subscriben el concepto de justicia climática, que implica justicia social, porque el calentamiento global es un problema ético y político, debido a que los menos responsables del cambio climático son quienes sufren sus peores consecuencias. La capacidad de las poblaciones para adaptarse a las consecuencias negativas del cambio climático está determinada por factores como la clase, el género, la etnia, la representación política. A menos recursos, las comunidades se vuelven más vulnerables al “riesgo fabricado”.

De ahí que en tanto movimiento emancipatorio, el movimiento feminista se plantea enfrentar esta situación. Reconoce la existencia de un movimiento de mujeres muy diverso, que desde sus capacidades particulares y específicas busca contribuir a una contra cultura: mujeres indígenas, campesinas, contra el extractivismo y la explotación de la naturaleza, redes de economía feminista, mujeres contra las múltiples formas de violencia.  

Al respecto, es interesante recordar que el año 1972, un grupo de mujeres de la India llevaron a cabo acciones de resistencia no violenta para impedir la instalación de la industria maderera, en  lo que se denominó el movimiento Chipco (abrazar), en el cual se abrazaron 300 árboles que iban a ser talados, logrando de esta manera vencer a la empresa. Este movimiento, que se basaba en experiencias anteriores, fue el punto de partida de una conexión profunda entre mujeres de la India por la protección de la tierra y de sus recursos.

Una pensadora relevante del ecofeminismo, participó en esas acciones colectivas, Vandana Shiva, (1952) filósofa y escritora, quien a partir de su experiencia con el movimiento Chipco ha construido una vasta filosofía activista en contra de la opresión de las mujeres y la naturaleza en el mundo. Plantea que la tierra está viva, es sagrada y es la conexión entre todos los seres vivos, señala que  los principios fundamentales para el desarrollo de las poblaciones son la justicia y la sostenibilidad. Algunos de sus libros son: “Manifiesto para una democracia de la tierra: justicia y sostenibilidad y paz” (2006). “Las nuevas guerras de la globalización: semillas, agua y formas de vida” (2007). “¿Quién alimenta realmente al mundo?” (2018). Ha sido una gran activista en el movimiento antiglobalización neoliberal, denunciando que la codicia de quienes forman parte de las trasnacionales genera el robo de los recursos naturales como el agua y violan los derechos fundamentales de las personas. Ha sido una gran promotora de la agricultura ecológica (sin productos químicos ni organismos genéticamente modificados), así como también del mantenimiento de la biodiversidad     

En Chile, existe un estudio de  Paola Bolados de la  Universidad de Valparaíso “Ecofeminizar el territorio.  La ética  del cuidado como estrategia frente a la violencia extractivista” (Revista Ecología Política Nª 54, Icaria Editorial, España, 2017) En esta investigación se plantea que frente  la violencia naturalizada, impuesta por  el modelo neoliberal,  el año 2015, nace la agrupación “Mujeres de zonas de sacrificio en resistencia de Puchuncaví – Quintero”, con el objetivo de  visibilizar las desastrosas consecuencias para la salud de la población que, desde el año 2011, ha sufrido de intoxicación masiva, producto de habitar un territorio transformado en una cuenca de soporte del extractivismo minero-energético exportador, con más de quince empresas de alta peligrosidad y toxicidad.  La agrupación se inscribe en una ecología política feminista que debate los efectos de un  modelo extractivista como el chileno. Sus acciones se inspiran en las luchas de mujeres indígenas y campesinas que se oponen al capitalismo y plantean el cuidado de la madre tierra. Buscan construir una territorialidad del cuidado con sus prácticas y acciones colectivas. Resignifican la ética del cuidado porque ya no queda confinada al espacio doméstico,  sino abierta a esferas públicas de la política.

Respecto a lo que ocurre en Chile, es importante dar cuenta de las organizaciones feministas que participan de la Cumbre de los Pueblos. El 9 de julio de este año, se reunieron en la  Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile, más de 160 organizaciones sociales ambientalistas y feministas bajo la consigna “Salvemos la tierra, cambiemos el sistema”. La Cumbre de los Pueblos se constituye, así,  como un espacio de denuncia y de articulación de distintas organizaciones que buscan construir alternativas y propuestas de cambio. Congrega a la ciudadanía activa que reflexiona, debate y elabora propuestas de un nuevo modelo civilizatorio, alternativo a la forma de civilización occidental, industrial y consumista, que se ha globalizado en las últimas décadas.

Es relevante señalar que la Cumbre de los Pueblos reúne a movimientos de resistencia al Foro de Cooperación Económico Asia Pacífico (APEC) y a la Conferencia de la Partes de la Convención Marco de las NU sobre el cambio climático (COP 25) que se realizarán en noviembre y diciembre en Chile.

Se rechaza la APEC, porque busca profundizar la globalización neoliberal al fortalecer los acuerdos de libre comercio, entregando mayores facilidades a los grandes grupos económicos que destruyen la naturaleza, al fomentar, por ejemplo, el extractivismo que pone en peligro zonas de alto valor ecológico, o los corredores biooceanicos para que el transporte de productos sea más rápido,  independiente del impacto ambiental que puede causar.

Se rechaza la COP 25, porque las negociaciones en las distintas COP han estado cooptadas por los intereses de las grandes multinacionales, que imponen un modelo de crecimiento económico que ha generado la crisis planetaria actual.

A modo de conclusión:

A pesar de todas las dificultades que existen para construir un proyecto colectivo de cambio social, que favorezca a las grandes mayorías, en Chile, el contexto político en torno a la COP 25 se presenta como un momento estratégico para colocar la agenda ambiental en las prioridades de la agenda pública chilena. 

Además, el contexto actual, permite develar la presión que ejerce el gran empresariado frente al discurso de defensa al medioambiente de Sebastián Piñera. Así como también permite mostrar cómo este discurso se contradice  con la práctica que ha tenido el gobierno frente a proyectos de ley o frente a acuerdos internacionales.

Algunos ejemplos: se limita la democracia ambiental no firmando el Acuerdo de Escazú;  las indicaciones presentadas por el gobierno, al Proyecto de Ley de protección de glaciares, tienden a disminuir el área de protección. Se  obstaculiza un proyecto de reforma constitucional, que consagra el dominio público del Estado chileno sobre las aguas, garantizando el derecho a este recurso. Lo mismo ocurre con el proyecto de Reforma al Código de Aguas que, principalmente, pretende restringir el uso de derechos de aprovechamiento de aguas en situaciones de escasez y facilitar la intervención en áreas hidrológicas por parte del Estado.

En este contexto, las organizaciones que pertenecen a la Cumbre de los Pueblos, tienen la oportunidad de visibilizar el “riesgo fabricado” y alertar sobre la necesidad de revertir las lógicas destructivas de la globalización neoliberal. Tienen, también, la oportunidad de fortalecer una ciudadanía activa que, mediante acciones colectivas, pueda ejercer presión hacia el poder económico y político, con el objetivo de promover un cambio de rumbo.

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